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III - Introducción

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III - INTRODUCCIÓN

La educación en el RESPETO a los animales se basa en el reconocimiento de la REALIDAD que viven millones de animales no humanos, en la necesidad de cambiarla que nuestros principios ÉTICOS nos exigen y en la elección de la vía EDUCATIVA para lograrlo.  

La realidad cotidiana que hace del sufrimiento ajeno diversión, espectáculo o símplemente indiferencia, deforma el espíritu creando una costra alrededor de nuestra capacidad de empatía, encerrando la compasión y el sentido de justicia bajo un caparazón indolente del que es difícil o incómodo salir (más que no hacer nada contra las injusticias porque las desconocemos, parece que preferimos desconocerlas para no hacer nada). Simplemente te acostumbras a verlas. El paisaje de abusos y torturas se acomoda al resto de la cotidianeidad y los podemos contemplar sin que se nos erice un solo pelo.

Y dentro de este paisaje se dibuja la imposibilidad de ciertos individuos de divertirse si no es a costa del dolor ajeno: fiestas con toros, pollos, patos, cabras, burros, ciervos… O disfrazando los abusos de didácticos: zoos, circos, oceanográficos…

¿Por qué? ¿Por qué nuestra diversión necesita del dolor, la tortura, la prisión o la muerte de alguien? ¿Qué extraño gen arrastramos desde las cavernas a través de los siglos y del cual no conseguimos liberarnos, liberando así al resto de los animales? Animales que acaban pagando nuestra diversión, porque son ellos quienes “pagan” de verdad las fiestas que financian los ayuntamientos con el dinero de todos, queramos o no.

Educar en el respeto a los animales tiene un doble resultado: el beneficio para los animales y el beneficio para el progreso moral de las personas, evitando que energúmenos maltratadores logren castrar definitivamente la sensibilidad de niños y jóvenes mediante espectáculos dantescos en fiestas populares, cacerías o corridas de toros. O que se difumine el sentimiento de empatía por medio de la rutina más normalizada y menos cuestionada de circos, zoos, ferias, desprecios, patadas, abandonos o el ¡cuidado nene, que te morderá el perro! que van distanciándonos cada vez más de los animales no humanos, despreciando el valor de sus vidas e intereses.

Otra realidad más oculta, pero no por ello menos dramática es la que sufren diariamente miles y miles de animales en granjas, criaderos, transportes y mataderos al servicio de nuestro paladar. Una cortísima vida sin sol, sin luz natural, en medio de hediondos olores, apartados de sus familias, encerrados en cuchitriles mal ventilados, soportando malos tratos y sin la mínima consideración por sus necesidades, es la realidad cotidiana de estos animales hasta que, hacinados en camiones y pasando frio o calor asfixiante, acaban en crueles mataderos por cuyos laberintos de muerte discurren temblando hasta que llegan a nuestro plato. Deberíamos considerar si queremos aceptar todo este sufrimiento para mantener nuestro estilo de alimentación.

La insensibilidad que todas estas realidades van formando en nuestro espíritu no predispone a la bondad ni a la solidaridad, sino que cobija el odio y el desprecio hacia los demás, humanos y animales y va asentando en la educación de los niños el germen de la violencia que, desde las infantiles pero perversas torturas a las lagartijas, puede llevar al ya adulto al alanceamiento de un toro o a la violencia hacia las mujeres.

La prevención del desarrollo de las conductas violentas en los niños y jóvenes es fundamental en los planes educativos. Las conductas infantiles de violencia con los animales son un dato predictivo de futuros comportamientos violentos también con humanos.

 También los adultos, a quienes la costumbre y la falta de criterio llevan a justificar con un “…bueno, sólo es un perro” o “…los toros no sufren” su complicidad o tolerancia con la violencia o su regocijo en la fiesta cruel a la que asisten, pueden, por medio de la educación, llegar a abrir los ojos a la realidad y cambiar de idea. Y aquí la Educación Social tiene mucho que decir.

En la Sección Profesional de Educación en el Respeto a los Animales (SPERA) del COEESCV, tenemos la esperanza y la ilusión de que nuestra aportación a este nuevo campo educativo contribuya al progreso moral de la sociedad y a la consolidación de nuevos valores éticos.
                   
Los sujetos de nuestro ámbito de trabajo son dos: los animales y las personas o, dicho de otro modo más exacto, los animales humanos y no humanos, en un proyecto educativo que implemente nuevos valores éticos en la relación entre ambos.
 

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“Cuanto más indefensa está una criatura, más derecho tiene a que el hombre la proteja de la crueldad del hombre.”:

Mahatma Gandhi (político y pensador hindú)